Vacuna obligatoria contra la Influenza para los trabajadores de la salud

Mensaje del Comisionado a los trabajadores de la salud: La vacuna obligatoria contra la influenza es por el beneficio de los pacientes y de ellos mismos

ALBANY, NY. (24 de septiembre de 2009) - El Doctor Richard F. Daines, Comisionado de Salud del estado envió una carta abierta a los trabajadores de la salud del estado de Nueva York:

Como trabajadores del sector de la Salud, compartimos una de las tradiciones que más enorgullece entre todas las profesiones: poner los intereses de nuestros pacientes por encima d nuestros propios intereses.

Como médico que pasó más de veinte años de su carrera trabajando en hospitales, he tenido el honor de trabajar lado a lado con otros médicos, enfermeras, trabajadores del servicio alimenticio, técnicos y transportadores durante los primeros e inciertos días de lo que luego se convertiría en la epidemia de VIH, durante los primeros y confusos días de los ataques con Ántrax, y durante la época en que cualquier viajero que ingresaba a nuestras fronteras con fiebre podía ser portador del virus de SARS. Ni una sola vez, a pesar de los temores personales que cualquiera de nosotros pudimos sentir, evadimos nuestras responsabilidades o colocamos nuestros temores personales por encima de los intereses de nuestros pacientes. Tomamos todas las precauciones recomendadas, trabajamos con cuidado y con cautela, y les brindamos a nuestros pacientes el desinteresado y compasivo tratamiento gracias a lo cual nuestra profesión y las instituciones de salud se han ganado un lugar especial dentro de la sociedad.

Para extender esta tradición, el 13 de agosto, el Comité de Revisión y Planeación de los hospitales del estado de Nueva York adoptaron una regulación recomendada por el Departamento de Salud del estado de Nueva York, en la que se aprueban las vacunas obligatorias contra la Influenza para ser aplicadas a los trabajadores de salud de los hospitales, las clínicas ambulatorias y los servicios de salud en los hogares, excepto en casos de que existiera una contraindicación médica. También se ha propuesto una legislación que aplique los mismos parámetros para los hogares de ancianos. Esta nueva regulación se aplicará primero para las vacunas anuales contra la gripe estacional que ya están disponibles. Y a raíz de la aprobación por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) Alimentos de los Estados Unidos (FDA) de la vacuna contra la influenza H1N1 del 2009 (gripe porcina), esta regulación aplicará también para aquella vacuna, justo a tiempo para la segunda oleada de influenza que ya empieza a regresar esta temporada de otoño.

Son comprensibles las dudas sobre la seguridad y los reclamos que se hacen sobre preferencias personales. Dada la excepcional eficacia y el historial de seguridad que presentan las vacunas contra la influenza que han sido aprobadas, nuestra preocupación principal debería ser, como trabajadores de la salud, el bienestar de nuestros pacientes, no nuestras reacciones personales a estas exigencias. Sobre este tema los hechos son muy claros: el bienestar de nuestros pacientes es, sin ninguna duda, mucho más favorecido con el altísimo porcentaje de inmunización de nuestro personal que sólo puede ser alcanzado a través de la vacunación obligatoria contra la influenza; en contraste con el 40 a 50 por ciento de personal inmunizado que se ha alcanzado en el pasado incluso con las más vigorosas campañas de vacunación voluntarias. Bajo esos parámetros voluntarios, brotes a nivel institucional tienen lugar cada temporada de gripe. La literatura médica al respecto demuestra de forma convincente que al contar con altos niveles de inmunización del personal de la salud, se le brinda una r protección a aquellos pacientes que no pueden vacunarse o no lo han hecho de forma adecuada, al tiempo que le permite a la institución contar con una mayor presencia de personal.

Durante esta temporada de otoño y la próxima de invierno un número mayor de pacientes podría ingresar a nuestros hospitales y clínicas sin contar con una inmunidad efectiva contra la influenza. Algunos resultarán ser demasiado jóvenes o van a presentar otro tipo de contraindicaciones para ser vacunados, o no han podido vacunarse debido a diversos factores. Otros pueden presentar un estado de salud demasiado frágil para ser vacunados de forma efectiva. A un gran número de personas sin duda estarían dispuestos a recibir la vacuna contra la gripe H1N1 2009 tan pronto como ésta se encuentre disponible pero esta opción les es negada pues no hacen parte de alguno de los grupos que reciben atención prioritaria. Para todos estos individuos, su seguridad reposa en el hecho de ser atendidos en instituciones y por personal de salud que presenta un porcentaje cercano al 100 % de inmunidad, al igual que se ha visto con otras vacunas obligatorias en vigor desde hace tiempo para los trabajadores de la salud como son las de sarampión y de la rubéola.

Como un reconocimiento a la noble labor de los trabajadores de la salud de anteponer los intereses de los pacientes a los suyos y de entender la necesidad existente de mantener funcionando de forma óptima nuestro sistema de salud en medio del reto que enfrentamos, la autoridades estatales tomaron una decisión muy importante concerniente a los primeros grupos a los que se les dará acceso a la vacuna contra la nueva gripe H1N1. Además de dar la máxima prioridad a aquellos que recibirán beneficio de forma directa o personal –mujeres embarazadas, los que cuidan niños, los propios niños y aquellos enfermos crónicos – las autoridades han declarado que a los trabajadores de la salud se les dará un acceso temprano a esta vacuna, antes que a otros millones de individuos con similares posibilidades, o incluso con más probabilidad de contraer el virus de la nueva gripe H1N1, a pesar de la inconformidad o malestar que podría significar este hecho para muchas personas.

Conocedores de que este acceso privilegiado a la nueva vacuna se ha ganado no por nuestros factores de riesgo personal sino por la confianza especial que la sociedad deposita en nosotros, ¿cómo podríamos nosotros, los trabajadores de la salud, afirmar que nuestro compromiso de proteger a los miembros más vulnerables de nuestra sociedad es sin embargo algo opcional? Si estas vacunas no fueran obligatorias, podrían presentarse muchas situaciones éticamente preocupantes. Un trabajador de la salud al que no le preocupa la "gripe común" podría rechazar la vacuna rutinaria de la gripe estacional, al tiempo que espera estar en el primer lugar de la lista para obtener "material bueno": la nueva y muy racionada vacuna contra la gripe porcina. Las instituciones podrían verse abocadas a una reducción de personal y con una capacidad reducida en su accionar si sus trabajadores no reciben la vacuna contra la influenza estacional, para luego proceder a hacer uso de cientos de dosis de las nuevas vacunas, negando de esta forma el acceso de otros grupos a estas vacunas. En este escenario ciertamente no se alcanzarán los altos niveles de inmunidad del personal que se requieren para la seguridad de los pacientes y de un número óptimo de personal –precisamente las razones por las que a los trabajadores de la salud se les asignó un status de prioridad.

La vacunación contra la influenza ha salvado miles y miles de vidas en las últimas tres décadas, y miles más podrían haberse salvado si un mayor segmento de la población se hubiese vacunado. Este año, a través de una adecuada vacunación, tenemos tal vez más oportunidades de salvar vidas y de permitir que nuestra sociedad y las instituciones puedan funcionar de forma más eficaz de lo que se nos ha presentado a lo largo de más de cincuenta años. Este no es momento para que grupos desinformados o con intereses personales traten de darle importancia a argumentos sin piso que versan sobre los riesgos de las vacunas o que se amparen en un solo caso ocurrido hace 33 años para negar décadas de vacunación segura y de casos de vidas salvadas gracias a las vacunas contra la influenza elaboradas de la misma forma que se han elaborado las formulaciones de este año.

La vacuna contra la gripe estacional ha completado –al igual que lo había hecho antes de su aprobación la vacuna contra la gripe H1N1- los más cuidadosos procesos de desarrollo, producción y pruebas que podían ser diseñados por los más destacados científicos, clínicas de renombre y autoridades de la salud pública. El visto bueno para la aprobación de la vacuna contra la gripe H1N1 estuvo basado en la aplicación de los mismos estándares científicos y métodos que creemos nosotros, deben gobernar todas nuestras prácticas en el área de la salud. Nosotros, como trabajadores de la salud, le debemos a nuestros pacientes y a la sociedad en general, el demostrar la confianza en estos estándares científicos. Y aún más importante, debemos reafirmar nuestro compromiso con la tradición de poner los intereses de nuestros pacientes antes que los nuestros por medio del apoyo al requisito de que la vacuna contra la influenza sea obligatoria.

Doctor Richard F. Daines.
Comisionado de Salud del estado de Nueva York