El Comisionado Daines urge a la Legislatura neoyorquina a hacer "una cosa positiva" en medio de "un año de resto lamentable en cuanto al presupuesto"

Al adoptar el impuesto a las bebidas azucaradas, el estado de Nueva York reducirá la obesidad, bajará los costos de la salud y proporcionará ingresos muy necesarios para las entidades del cuidado de la salud y para los esfuerzos de prevención de la obesidad

ALBANY, NY (8 de marzo de 2010) – El Comisionado de Salud del estado de Nueva York, el doctor Richard F. Daines, urgió hoy a la legislatura estatal a que se convierta en líder del esfuerzo para reducir la obesidad adoptando un impuesto a las bebidas azucaradas que está incluido en el presupuesto ejecutivo para el año fiscal 2010-2011.

"En medio de unas circunstancias económicas y políticas muy difíciles, tenemos una oportunidad dorada de hacer algo muy positivo para el estado de Nueva York durante un año de resto lamentable en cuanto al presupuesto", afirmó el Comisionado Daines.

Hablando durante un simposio dedicado a la obesidad que se lleva a cabo en Albany, el doctor Daines, quien está encabezando en el estado de Nueva York el esfuerzo en apoyo del impuesto, dijo: "Esto es un combate, no un seminario. Se trata de una batalla contra algunos de los de los intereses creados más poderosos que existen".

Después de recalcar la abundancia de las investigaciones que han determinado que las sodas y otras bebidas azucaradas son el grupo alimenticio más fuertemente ligado a las tasas crecientes de sobrepeso y obesidad, el doctor Daines criticó a la industria de las bebidas y a los especuladores que con ellas obtienen ganancias excesivas, por promover una campaña de desinformación y de prestidigitación económica para asegurarse de que el consumo de sodas no-dietéticas y otras bebidas azucaradas siga siendo muy elevado.

El doctor Daines detalló los esfuerzos de la industria de las bebidas para publicitar las sodas baratas, especialmente entre las comunidades de bajos ingresos y las comunidades minoritarias; manipular los bajos precios de venta para estimular un mayor consumo; generar oposición a los esfuerzos del gobierno para reducir el consumo de bebidas azucaradas; y culpar a los padres por el aumento de la obesidad infantil, mientras siguen negando que exista algún vínculo entre la obesidad y el consumo de sodas no-dietéticas.

"Las tasas de obesidad se han incrementado durante las pasadas tres décadas, de hecho entre los niños se han triplicado, especialmente entre las comunidades de bajos ingresos y las minoritarias", explicó el doctor Daines. "Este aumento coincide con un aumento en el consumo de bebidas azucaradas, y ahora nos encontramos en el punto de que la obesidad se ha convertido en el desafío de salud pública más grande de esta década y del par de décadas venideras".

"La asignación de precios dramáticamente bajos para las bebidas azucaradas, la facilidad con que se consiguen en casi cualquier parte y la publicidad incesante de estos productos, se convierten en un obstáculo enorme para la buena salud y en un peligro claro e inminente para el futuro de nuestros hijos", afirmó el Comisionado Daines. "Las sodas pasaron a ser excesivamente baratas, y como tienen un sabor que agrada al paladar, no llenan mucho y reciben una enorme publicidad, empezamos a beberlas en gran abundancia. Ahora la pregunta es: ¿Tendremos el valor de hacer algo positivo de manera colectiva? ¿De aplicar un impuesto indirecto a estas bebidas para frenar la ola de obesidad creciente?

El doctor Daines mencionó los comentarios que hicieron en un segmento reciente del programa de televisión Squawk Box en CNBC el inversor multimillonario Warren Buffet y un grupo de ejecutivos de compañías de bebidas, elogiando los enormes porcentajes de venta de las sodas en las naciones en desarrollo mientras descartaban la propuesta en el estado de Nueva York de aplicar un impuesto a las bebidas azucaradas. Mientras las acciones de las compañías de soda suben rápidamente y los inversores como Buffet –que tiene inversiones en Coca Cola por valor de 1.100 millones de dólares- sacan sus ganancias desmedidas, más del 35% de los niños y el 60 % de los adultos son obesos o tienen sobrepeso. Los inversionistas de Wall Street y los ejecutivos de las industrias de la bebida continúan haciéndose cada vez más ricos mientras que los neoyorquinos siguen subiendo de peso y los contribuyentes se ven obligados a desembolsar cada año 8.000 millones de dólares para pagar costos del cuidado de la salud por casos relacionados con la obesidad.

El impuesto indirecto a las bebidas azucaradas que se ha propuesto en el estado de Nueva York, impondría una recarga de un centavo por cada onza a los siropes, sodas, refrescos y otras bebidas que contienen más de 10 calorías por cada 8 onzas. Se ha proyectado que el impuesto aumente los precios de venta de las bebidas azucaradas en promedio un 17% mientras el consumo se reduce hasta en un 15%.

El doctor Daines subrayó que numerosos expertos, incluyendo al ex Comisionado de Salud de la ciudad de Nueva York, Thomas Frieden, quien es ahora el director de los Centros Federales para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han llegado a la conclusión de que un impuesto a las bebidas azucaradas es la medida individual más efectiva que se puede tomar para dar marcha atrás a la epidemia de obesidad. El Comisionado Daines también mostró estadísticas que revelan que en el curso de las pasadas tres décadas el precio de las frutas y verduras frescas ha aumentado mucho más rápidamente que el Índice de Precios al Consumidor (CPI), mientras que el precio de las bebidas gaseosas ha permanecido bajo, en parte a causa de un subsidio gubernamental del 23% al sirope de maíz que se usa para endulzar las bebidas.

"Se deben hacer muchos esfuerzos para reducir los precios de las opciones saludables de alimentación, y eso es algo que estamos tratando de hacer", afirmó el doctor Daines. "Pero también debemos confrontar directamente los precios demasiado bajos que se asignan a las sodas. Debemos olvidarnos de la vana esperanza de que el libre mercado de algún modo va a efectuar una corrección en el caso de un producto de consumo excesivo, con grandes subsidios, precios artificialmente bajos, un gusto agradable al paladar, un mercadeo abrumador y que ofrece amplias ganancias. Las utilidades de los accionistas se elevan velozmente mientras la salud de nuestro niños se deteriora. Eso será bueno para los inversores, pero no es una buena política de salud pública".