Un impuesto a las bebidas que va al meollo del asunto
Doctor Richard F. Daines
¿Es posible que un nuevo impuesto sea algo positivo? En general la reacción instintiva es que no. ¿Pero qué pasa si el nuevo impuesto contrarresta otros impuestos que ya estaba pagando usted, reduce las primas de seguro de salud para las empresas y mejora nuestra salud colectiva? Un impuesto indirecto a las bebidas azucaradas lograría estos tres objetivos.
Warren Buffett se refiere al costo insostenible del cuidado de la salud en este país como "una lombriz solitaria que va consumiendo nuestro organismo económico". En un momento en que el 60% de los adultos y el 30% de los niños en el estado de Nueva York presentan sobrepeso, la obesidad es un problema radical, una condición que aumenta los costos del cuidado de la salud y reduce la productividad, al tiempo que requiere primas de seguro e impuestos más altos para poder llevar a cabo tratamientos de salud debido a los estragos que causa. Los contribuyentes neoyorquinos aportan el 80% de los 8.000 millones de dólares anuales que Medicaid y Medicare desembolsan en cuidados de salud relacionados con la obesidad.
¿Cuál es la razón para imponer un impuesto en las sodas no dietéticas y otras bebidas azucaradas? Las investigaciones disponibles vinculan directamente la soda y otros refrescos endulzados con azúcar a las tasas crecientes de obesidad y diabetes. Distintos expertos, incluyendo al doctor Thomas Frieden, director de los Centros para el Control y la Prevención de las enfermedades, afirman que un impuesto a las bebidas azucaradas es la medida individual más efectiva para reducir la obesidad.
Mientras que las tasas de obesidad se han triplicado durante las pasadas tres décadas, los precios de las bebidas azucaradas se han reducido en relación a la inflación, en parte debido a los subsidios a los productores de maíz, mientras que el mercadeo ha promocionado un consumo mayor y porciones más voluminosas entre los usuarios. Los estudios de elasticidad en los precios para la industria de las bebidas indican que el impuesto que se está considerando reduciría el consumo en bebidas azucaradas en aproximadamente un 15%, debido a que los consumidores empezarán a cambiarse a bebidas de más bajo costo y más bajas en calorías. Los 1.000 millones de dólares anuales que recaudaría el impuesto servirían para apoyar los servicios más críticos en el campo del cuidado de la salud en un momento en que el estado debe reducir un déficit de 9.000 millones de dólares. A medida que la obesidad se vaya disminuyendo a lo largo del tiempo, también van a disminuir los gastos en condiciones directamente relacionadas con ella, como las diálisis de riñón y las amputaciones. También aumentará la productividad de los trabajadores.
Los empleados en la industria de las bebidas no tienen por qué temer un impacto económico negativo. A medida que los consumidores se pasan a bebidas más bajas en calorías, la industria se encuentra en una buena posición competitiva con numerosas bebidas bajas en calorías o con cero calorías en sus inventarios.
Las compañías de bebidas urgen como alternativa la educación de los consumidores porque saben que esto es menos efectivo que un impuesto, y que el gobierno no puede competir con los más de 2.000 millones de dólares que PepsiCo y Coca-Cola invirtieron en publicidad sólo en el año 2.008. La respuesta se encuentra en la orientación y la disciplina que impongan los padres, argumentan estas compañías. ¿Pero acaso es fácil que los padres en vecindarios de bajos ingresos puedan resistir la avalancha de bebidas baratas y la publicidad omnipresente de estos productos? Los anuncios de la industria de las bebidas proclaman que el impuesto será una penalización para los trabajadores de bajos y medianos ingresos. Muy lejos de la verdad. Los trabajadores son el grupo de neoyorquinos que presenta las tasas más altas de obesidad y es el que más se beneficiará cambiando su consumo de bebidas azucaradas por el de agua, que cuesta mucho menos, por leche baja en grasa y por soda dietética.
Un impuesto a las bebidas azucaradas comenzará a corregir la incapacidad del mercado para asignar un precio adecuado a las bebidas azucaradas al tiempo que produce dividendos en términos de mejor salud, costos más bajos en el cuidado de la salud y una continuidad en los servicios de salud. Deberíamos tomar esta medida positiva en medio de un año de resto lamentable en cuanto al presupuesto.
El doctor Richard F. Daines es el Comisionado de Salud del estado de Nueva York y ex-presidente del Hospital St. Luke's-Roosevelt.


